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Relato

El café

Semana del 6 de septiembre, 2026

— Anastasia White

No sé qué vas a encontrar aquí. Pero quédate y mira.

Cuando abrió la puerta supo que algo no estaba bien. No porque faltara nada, al contrario, todo estaba exactamente donde debía estar.

El bolso sobre el mueble de entrada, las llaves en el cuenco de siempre, los cojines colocados en su sitio.

Demasiado en su sitio.

Entró despacio y entonces reparó en la taza que había sobre la mesa del comedor.

Una taza de café.

Se quedó mirándola unos segundos, no se acercó.

Primero miró alrededor. La casa estaba en silencio.

Entonces miró hacia el pasillo, comprobó las ventanas, el dormitorio, el baño y el resto de las habitaciones. Nada. Todo seguía igual.

Volvió al comedor.

La taza continuaba allí, y entonces se acercó. El café todavía humeaba. Corto. Apenas unas gotas de leche fría y una pizca de canela.

Frunció el ceño porque era su café. El de antes. El que llevaba unos años sin preparar.

Y entonces se fijó en la taza. Blanca, sencilla, con una pequeña grieta en el borde y una estrella en el asa.

La reconoció inmediatamente, aunque hacía años que no la veía. Y se quedó paralizada.

Además ella nunca tomaba el café allí. Jamás. Ahora lo hacía en la cocina, frente a la ventana, mirando el paisaje que se abría más allá de la terraza. Sin prisas.

Intentó recordar la mañana. No pudo. ¿Había salido de casa? Creía que sí. ¿Había vuelto antes? No lo sabía.

Cogió la taza. El olor la llevó, por un instante, a otra cocina. A una mesa llena de cosas, a una voz llamándola desde otra habitación, al reloj, a las prisas. Y a aquella frase que había repetido tantas veces: «algún día me iré».

No supo por qué, pero aquella frase le pareció de repente muy lejana.

Miró el café. No sabía quién lo había preparado. Tampoco cómo había llegado hasta allí aquella taza, pero ya no era eso lo que la inquietaba.

Se quedó mirando el humo que escapaba lentamente de ella y pensó: ¿cuánto tiempo llevaba sin prepararse ese café?