— Anastasia White
Hay gente que va al gimnasio a entrenar.
Hay gente que va a hacer ejercicio.
Y luego está la gente que va al gimnasio a pasar un buen rato.
Estos últimos son mis favoritos.
Se sientan en una máquina. Cogen el móvil. Sonríen. Hacen una repetición. Vuelven al móvil. Otra repetición. Otro mensaje. Y así pueden pasar perfectamente veinte minutos.
Yo los miro y pienso: ¿Pero qué estamos haciendo aquí?
Porque para eso también sirve el sofá. Con la ventaja de que en el sofá no tienes que pagar cuota.
Tengo un amigo que tiene un TOC bastante curioso. No sé si será único en su especie, pero cuando ve a alguien haciendo un ejercicio que, según él, no sirve absolutamente para nada, tiene que intervenir. No puede evitarlo. Es superior a sus fuerzas.
Se acerca.
—¿Sabes que eso no te sirve para nada?
Sin calentamiento. Sin presentación. Sin que nadie le haya preguntado.
Una vez vio a un chaval sentado en la máquina de cuádriceps, mirando el móvil y sonriendo. Llevaba así un buen rato. Mi amigo se acercó.
—¿Estás entrenando o esperando una llamada?
El chico levantó la cabeza.
—¿Perdona?
—Que llevas diez minutos aquí.
—¿Y?
Mi amigo señaló la máquina.
—Que eso, si no haces fuerza, no hace nada.
El chico lo miró. Luego miró la máquina. Después volvió a mirarlo a él.
—¿Y tú quién eres?
Buena pregunta.
Porque, efectivamente, nadie le había nombrado entrenador. Pero eso nunca ha sido un impedimento para él.
Tiene una opinión para cada máquina, un diagnóstico para cada ejercicio y cero pacientes en consulta. El gimnasio es suyo, al menos en su cabeza.
Y lo peor es que empieza a contagiarse.
Ahora estoy entrenando, veo a alguien en una polea haciendo un ejercicio imposible y pienso: Si pretende sacar músculo de ahí, va listo. Y automáticamente me acuerdo de mi amigo. Sonrío.
A este paso, cualquier día me ponen una camiseta del staff.
La diferencia es que ellos cobran por corregir y yo todavía tengo la decencia de callarme.
Pensando en mi amigo, yo no sé si sus consejos sirven para ganar músculo, pero desde luego que para perder amigos está haciendo series de diez.
Anastasia White es la autora de El Pecado de una Divorciada.